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El paso del tiempo cambia no sólo la óptica de un artista; cambia también la percepción que el público (y por añadidura, la crítica) tiene de él. Cuando apareció su álbum debut, Let Love Rule (1989), las opinions sobre Lenny Kravitz parecían dividirse entre quienes saludaban la aparición de un nuevo gran talento, y los que lo acusaban de ser un ladrón refinado. Pasadas casi dos décadas, lo que podía ser tomado como un plagiarismo o manía retro se ha convertido en un estilo reconocible e, incluso, influyente. Esto se pone de manifiesto en It Is Time for a Love Revolution, su octavo trabajo de estudio y el primero en más de tres años.
Ya desde el título, Kravitz abraza sin complejos la ideología y el sonido sesentista que lo identificaba en sus comienzos (especialmente en los primeros tres discos), tomando su propia obra como fuente de inspiración. Claro que, como es inevitable en cualquiera de sus álbumes, uno puede jugar al "descubra la influencia" en varios temas. Por ejemplo, podemos encontrar rastros de "Miss You" en "Dancin" Til Dawn"; de James Brown en el funk "Will You Marry Me" y otra cita a los Stones: "Satisfaction" en el bajo de "Back in Vietnam", donde compara la guerra de Irak con la intervención de los Estados Unidos en aquel país asiático. Incluso el primer tema de difusión: "Love Love Love" podría ser un outtake de los Red Hot Chili Peppers. Pero son los momentos más lights de este sustancioso disco de catorce canciones arregladas y producidas por Lenny, que -como es habitual- tocó la mayoría de los instrumentos. Las más densas, temática y musicalmente, son inconfundiblemente Kravitz, y además, están entre las mejores que ha compuesto en mucho tiempo. Como "Bring It On", un temazo rockero con sitar y un tremendo solo de viola de su inseparable colaborador, Craig Ross; o la balada "I"ll Be Waiting", con un estribillo inolvidable, que suena como un tema de Motown con John Bonham en la batería. "If You Want It" tiene un gran desarrollo -comparable a "Stairway to Heaven"-, con comienzo acústico y final a toda marcha. "A Long and Sad Goodbye" es una dedicatoria-reclamo a su padre Sy, quien falleció en 2005 ("significabas todo para mí/ ¿por qué me abandonaste?"), en un inevitable paralelo con "Mother" de Lennon, cuya influencia se extiende a lo largo de todo el disco (Kravitz contribuyó con una versión de "Cold Turkey" para el reciente tributo Save Darfur).
En definitiva, aunque algo desparejo, It Is Time... vuelve a posicionar a Lenny como un artista creativo. La primera mitad, más rockera, no tiene fallas, y en la segunda se desinfla un poco con sobreabundancia de baladas. De todos modos, las canciones sonarán todo el año y nosotros tendremos el gusto de escucharlas en vivo este 6 de abril en el estadio de River Plate.